viernes, 23 de agosto de 2024

LITERATURA Y MÚSICA ARGENTINA: FRANCISCO AVENDAÑO - SANTIAGO DEL ESTERO

 

        Francisco Avendaño:

                          nació en Santiago del Estero en el año 1980. Sus poemas integraron

varías antologías: Poesía Joven del Noroeste Argentino de Santiago Sylvester (Fondo

Nacional de la Artes), Festival de Poesía del Norte Grande (Dirección de Cultura de Salta),

Palabra Abierta (Subsecretaría de Cultura de Santiago del Estero), Antología de Poetas

Santiagueños, de Alfonso Nassif (Subsecretaria de Cultura de Santiago del Estero), Peligro

Inflamable (Ediciones Folia) y Cross a la mandíbula (Antología bilingüe en francés y

castellano, editorial Nuitmyrtide, Francia y la Antología Poesía Circular (Editorial Mundar).

Sus textos han sido publicados en distintos diarios y revistas del país como ser como ser el

Liberal y Nuevo Diario en Santiago del Estero, en Salta (La Gaceta), en Jujuy (El Pregón), el

portal digital de Página 12 y la revista digital Mundar entre otros.

Ha realizado dos ediciones artesanales de los libros Biografía del instante en el año 2009,

trece postales del barro y Hacer Mostrar, Antología poética propia en el año 2023.

Es el cantante y guitarrista del cuarteto santiagueño de tango Los Morlacos del Otario, que

editaron un disco en el año 2017 en el que interpretan composiciones de Manzi, Lepera,

Cadicamo, Charlo, Gardel, Troilo entre otros principalmente de la década del 30.

Ha conducido y producido el programa radial Eléctrico Ardor, un programa de poesía tangos

y otros berretines, con entrevistas y música en vivo, que se transmitió desde 2018 hasta

2021 por Radio UNSE 92,9 y por Radio Vostok 93,9.

Ejerce la profesión de abogado laboralista y desde el año 2021 se desempeña como Director

de Cultura de la Municipalidad de Santiago del Estero.


Francisco ( Pancho) Avendaño 



SELECCIÓN  DE  POESÍA:



 

“Hay que incendiar la poesía

y cantar luego

con las cenizas útiles.”

Jorge Boccanera

 

Siempre es agua,

por mucho que la luz se manche en los charcos,

la lluvia detenida bulle en renacuajos y el día

 

es el brillo en las botellas rotas.

 

Aquí el concepto ensucia las manos.

 

Flores de nylon que el viento enredó en las ramas,

pañales y forros,

envases,

diarios viejos.

Mientras la tierra retrocede,

crecen los márgenes.

 

Mi ciudad sólo recuerda en los escombros,

a pesar de libros y templos,

no aprendimos otro modo.

 

Aquí todo persiste

sin palabra o sedimento.

La imagen es el poema provisorio

y el orden el lenguaje de los restos.

 

La ciudad se estira hasta desbordarse,

el límite es el ritmo con que crece y olvida la marea.

(Del libro A nivel del mar)


 

Soy también el otro…

Soy también el otro,

el que ocurre después del límite de mi cuerpo,

sombra manchada de conjeturas,

precaución que presiente lo que presiento.

¿De quién son los pasos que ensombrecen la luz debajo de la puerta?

¿De quién el soliloquio indescifrable

que deletrea mi pared hasta el escombro?

Mis cansadas raíces se sueltan del sueño

y caigo en este mundo por el grito de una alarma.

Subo otra vez hasta mis ojos,

afirmo el horizonte detrás de mi ventana

y resumo el sol entre los techos.

El día es lo que separan mis párpados hambrientos,

nostalgia desolada de encontrar a dios en todas partes.

El misterio

es un orzuelo en el triángulo tuerto de un dios impar,

yo soy el desierto que habito,

 

el baldío de palabras

donde se herrumbran las cosas

que nadie nombra.

(Del libro Simulacro)

 


Santiago del Estero

II

¿Quién me legó esta ciudad envejecida,

esta memoria de un tiempo

que no me pertenece?

Los paisajes que la noche inventa,

la reiterada porfía del mediodía ciudadano,

ocultan un antiguo cansancio

bajo la piel del tiempo

sobre las veredas.

Ahí donde mis pies repiten una huella penitente,

otra sombra pensó con tristeza

las cosas que hoy pienso,

las palabras que uso a diario,

la costumbre del verbo.

Alguien ha sabido de esta soledad en el tumulto,

alguien

ha escrito los versos

que dibuja mi mano.

Hasta el río lleva su pulso detenido

por un derrotero ya trazado.

(Del libro La Piedra de Sísifo)

 


“Solemos olvidar

que la poesía es un instante

sabiamente clausurado

antes de que aprendamos a balbucear

la eternidad.”

 

Ana Emilia Lahitte

 

Uyuni se fuga en las escamas de un pez interminable,

vibra en el cuerpo seco de un flamenco

cuando la muerte lentamente sucede sobre los hexágonos de luz

y la bandada se desgrana en una pregunta.

 

Primero naufragaron en la oscuridad,

el agua les cosió los pasos

y otra vez la sequía les llenó de silencio la mirada.

Dicen que los cactus del salar

 

son hombres condenados

cáscaras del viento que guardan la palabra de Wiracocha,

el ruido que los despertó a la vida.

Dicen que levantaron unas islas

con sólo permanecer

aferrándose a la tierra.

Aquí, lejos de todo, no existe el aquí,

sólo el rumor de un nervio catódico que se desvanece.

Flores de piedra como ofrendas del miedo,

fantasmas de bórax que aun queman mis párpados

Y la lúcida resignación de los derrotados,

los que mueren ahí sedientos de paisaje

 

ciegos por el clamor de la nada.

 

Sobre este suelo cada sol es definitivo.

El salar se ocupa de lamer el cielo

para que la noche se ensanche.

 

(Del libro A nivel del mar)

 


Siempre ha sido hoy

 

Siempre ha sido hoy,

Desde hace siglos.

El almanaque sigue ardiendo sin rastro ni ceniza,

Hojas incandescentes que niegan la luz del árbol que las llueve.

La historia con sus letras de bronce

los templos y su divina intemperie

la sangre que solo se derrama

la tierra eternamente prometida

el diluvio ecuménico

el olivo presunto en el pico de un ave

la naturaleza sorda a los nombres que la invocan

la felicidad en un retrato difuso de la Amnesty Internacional

el indio que traza su grito

 

por las cicatrices de mezcalina que recuerdan las tinajas

el ejercicio de la fuerza como un brutal derecho humano

el hambre convincente

las increíbles Razones de Estado

el dios de los montes como un esqueleto frágil

insolado de pirañas

el humo de las topadoras ensombreciendo el paisaje

la diosa del mar presa en un paréntesis de petróleo

el dios verdadero de los vencedores

los límites políticos,

geográficos,

poéticos

las humanas limitaciones naturales

todo el viento que estremece las banderas

el empujón en el aspa del molino

el dulce quejido de semillas en la rueca

el pan que se multiplica por milagro

el gratuito pan de los romanos

el ausente pan de la Revolución

el pan desnutrido que se comen los parásitos

 

las costillas que respiran un aire doloroso

las moscas que aturden los cadáveres

los continentes de pelo que devora la Gillette Co.

las dietas necesarias al deseo

los músculos evidentes y dispuestos

la pixelada memoria del pornógrafo

los impulsos que se atrofian de tanto estimularse

el ánimo de lucro por toda concupiscencia

la síntesis del obituario

la sintaxis del dolor

la semántica del miedo

leprosos que sueñan con la resurrección de la carne

moribundos que demuestran la vida imperdurable.

Todo estuvo sucediendo,

como el tenue gravitar de electrones

en el centro de un átomo.

Mañana

también ocurrirá

el minucioso crepitar de la llama.

(Del libro Simulacro)

 


Lluvia

 

Borges tenía razón:

la lluvia es algo que sucede en el pasado.

Entre el olor a tierra mojada

que anticipa en la distancia

el instante mágico del agua

hay una evocación eterna del ayer.

Entre gota y carámbano

rumorea la nostalgia.

Las calles, cuando se visten de lluvia,

se parecen y recuerdan

interminablemente.

El temporal va relamiendo

los bordes de las casas;

antes ablandaba piedra por piedra,

con el duro tesón del agua,

las montañas

y hoy sólo recorta lentamente

los bordes de las casas.

Testimonio de vida y muerte:

aguacero, Vallejo, los días jueves...

 

(Del libro Verbos Indelebles)

 


Bruxismo

 

"Mordí el anzuelo una vez más, siempre un iluso"

Esa estrella era mi lujo. Los Redonditos de Ricota

 

No es la sorda rutina

que oprime los goznes del cuerpo,

tampoco las luces malolientes

que anticipan el exacto color de la mortaja.

No son las manos desalojadas del mundo

 

que chujchan resplandores

adentro del sueño.

 

Una lágrima carnivora

ronda los pasillos de la casa,

la oscuridad gatea entre los muebles

y acecha en zancadillas cada fantasma.

 

El tiempo se desangra en canillas mal cerradas

y el amor se devalúa hasta el cariño

desde camas que ya no se quejan.

 

Lo que muerde no es el pez

sino el anzuelo,

el futuro que se agita

como un animal enjaulado,

masticando el sol entre los párpados.

 

Por los dientes

ablanda la noche

los huesos de la espera.

 

(Del libro Playlist)

Francisco  Avendaño



Muchas gracias Pancho Avendaño por sumar generosamente tu poesía  a  pieldemundo.blogspot.com



Alejndra Díaz