Francisco Avendaño:
nació en Santiago del Estero en el año
1980. Sus poemas integraron
varías antologías: Poesía Joven del Noroeste Argentino de
Santiago Sylvester (Fondo
Nacional de la Artes), Festival de Poesía del Norte Grande
(Dirección de Cultura de Salta),
Palabra Abierta (Subsecretaría de Cultura de Santiago del
Estero), Antología de Poetas
Santiagueños, de Alfonso Nassif (Subsecretaria de Cultura de
Santiago del Estero), Peligro
Inflamable (Ediciones Folia) y Cross a la mandíbula
(Antología bilingüe en francés y
castellano, editorial Nuitmyrtide, Francia y la Antología
Poesía Circular (Editorial Mundar).
Sus textos han sido publicados en distintos diarios y
revistas del país como ser como ser el
Liberal y Nuevo Diario en Santiago del Estero, en Salta (La
Gaceta), en Jujuy (El Pregón), el
portal digital de Página 12 y la revista digital Mundar
entre otros.
Ha realizado dos ediciones artesanales de los libros
Biografía del instante en el año 2009,
trece postales del barro y Hacer Mostrar, Antología poética
propia en el año 2023.
Es el cantante y guitarrista del cuarteto santiagueño de
tango Los Morlacos del Otario, que
editaron un disco en el año 2017 en el que interpretan
composiciones de Manzi, Lepera,
Cadicamo, Charlo, Gardel, Troilo entre otros principalmente
de la década del 30.
Ha conducido y producido el programa radial Eléctrico Ardor,
un programa de poesía tangos
y otros berretines, con entrevistas y música en vivo, que se
transmitió desde 2018 hasta
2021 por Radio UNSE 92,9 y por Radio Vostok 93,9.
Ejerce la profesión de abogado laboralista y desde el año
2021 se desempeña como Director
de Cultura de la Municipalidad de Santiago del Estero.
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Francisco ( Pancho) Avendaño |
SELECCIÓN DE POESÍA:
“Hay que incendiar la poesía
y cantar luego
con las cenizas útiles.”
Jorge Boccanera
Siempre es agua,
por mucho que la luz se manche en los charcos,
la lluvia detenida bulle en renacuajos y el día
es el brillo en las botellas rotas.
Aquí el concepto ensucia las manos.
Flores de nylon que el viento enredó en las ramas,
pañales y forros,
envases,
diarios viejos.
Mientras la tierra retrocede,
crecen los márgenes.
Mi ciudad sólo recuerda en los escombros,
a pesar de libros y templos,
no aprendimos otro modo.
Aquí todo persiste
sin palabra o sedimento.
La imagen es el poema provisorio
y el orden el lenguaje de los restos.
La ciudad se estira hasta desbordarse,
el límite es el ritmo con que crece y olvida la marea.
(Del libro A nivel del mar)
Soy también el otro…
Soy también el otro,
el que ocurre después del límite de mi cuerpo,
sombra manchada de conjeturas,
precaución que presiente lo que presiento.
¿De quién son los pasos que ensombrecen la luz debajo de la
puerta?
¿De quién el soliloquio indescifrable
que deletrea mi pared hasta el escombro?
Mis cansadas raíces se sueltan del sueño
y caigo en este mundo por el grito de una alarma.
Subo otra vez hasta mis ojos,
afirmo el horizonte detrás de mi ventana
y resumo el sol entre los techos.
El día es lo que separan mis párpados hambrientos,
nostalgia desolada de encontrar a dios en todas partes.
El misterio
es un orzuelo en el triángulo tuerto de un dios impar,
yo soy el desierto que habito,
el baldío de palabras
donde se herrumbran las cosas
que nadie nombra.
(Del libro Simulacro)
Santiago del Estero
II
¿Quién me legó esta ciudad envejecida,
esta memoria de un tiempo
que no me pertenece?
Los paisajes que la noche inventa,
la reiterada porfía del mediodía ciudadano,
ocultan un antiguo cansancio
bajo la piel del tiempo
sobre las veredas.
Ahí donde mis pies repiten una huella penitente,
otra sombra pensó con tristeza
las cosas que hoy pienso,
las palabras que uso a diario,
la costumbre del verbo.
Alguien ha sabido de esta soledad en el tumulto,
alguien
ha escrito los versos
que dibuja mi mano.
Hasta el río lleva su pulso detenido
por un derrotero ya trazado.
(Del libro La Piedra de Sísifo)
“Solemos olvidar
que la poesía es un instante
sabiamente clausurado
antes de que aprendamos a balbucear
la eternidad.”
Ana Emilia Lahitte
Uyuni se fuga en las escamas de un pez interminable,
vibra en el cuerpo seco de un flamenco
cuando la muerte lentamente sucede sobre los hexágonos de
luz
y la bandada se desgrana en una pregunta.
Primero naufragaron en la oscuridad,
el agua les cosió los pasos
y otra vez la sequía les llenó de silencio la mirada.
Dicen que los cactus del salar
son hombres condenados
cáscaras del viento que guardan la palabra de Wiracocha,
el ruido que los despertó a la vida.
Dicen que levantaron unas islas
con sólo permanecer
aferrándose a la tierra.
Aquí, lejos de todo, no existe el aquí,
sólo el rumor de un nervio catódico que se desvanece.
Flores de piedra como ofrendas del miedo,
fantasmas de bórax que aun queman mis párpados
Y la lúcida resignación de los derrotados,
los que mueren ahí sedientos de paisaje
ciegos por el clamor de la nada.
Sobre este suelo cada sol es definitivo.
El salar se ocupa de lamer el cielo
para que la noche se ensanche.
(Del libro A nivel del mar)
Siempre ha sido hoy…
Siempre ha sido hoy,
Desde hace siglos.
El almanaque sigue ardiendo sin rastro ni ceniza,
Hojas incandescentes que niegan la luz del árbol que las
llueve.
La historia con sus letras de bronce
los templos y su divina intemperie
la sangre que solo se derrama
la tierra eternamente prometida
el diluvio ecuménico
el olivo presunto en el pico de un ave
la naturaleza sorda a los nombres que la invocan
la felicidad en un retrato difuso de la Amnesty
Internacional
el indio que traza su grito
por las cicatrices de mezcalina que recuerdan las tinajas
el ejercicio de la fuerza como un brutal derecho humano
el hambre convincente
las increíbles Razones de Estado
el dios de los montes como un esqueleto frágil
insolado de pirañas
el humo de las topadoras ensombreciendo el paisaje
la diosa del mar presa en un paréntesis de petróleo
el dios verdadero de los vencedores
los límites políticos,
geográficos,
poéticos
las humanas limitaciones naturales
todo el viento que estremece las banderas
el empujón en el aspa del molino
el dulce quejido de semillas en la rueca
el pan que se multiplica por milagro
el gratuito pan de los romanos
el ausente pan de la Revolución
el pan desnutrido que se comen los parásitos
las costillas que respiran un aire doloroso
las moscas que aturden los cadáveres
los continentes de pelo que devora la Gillette Co.
las dietas necesarias al deseo
los músculos evidentes y dispuestos
la pixelada memoria del pornógrafo
los impulsos que se atrofian de tanto estimularse
el ánimo de lucro por toda concupiscencia
la síntesis del obituario
la sintaxis del dolor
la semántica del miedo
leprosos que sueñan con la resurrección de la carne
moribundos que demuestran la vida imperdurable.
Todo estuvo sucediendo,
como el tenue gravitar de electrones
en el centro de un átomo.
Mañana
también ocurrirá
el minucioso crepitar de la llama.
(Del libro Simulacro)
Lluvia
Borges tenía razón:
la lluvia es algo que sucede en el pasado.
Entre el olor a tierra mojada
que anticipa en la distancia
el instante mágico del agua
hay una evocación eterna del ayer.
Entre gota y carámbano
rumorea la nostalgia.
Las calles, cuando se visten de lluvia,
se parecen y recuerdan
interminablemente.
El temporal va relamiendo
los bordes de las casas;
antes ablandaba piedra por piedra,
con el duro tesón del agua,
las montañas
y hoy sólo recorta lentamente
los bordes de las casas.
Testimonio de vida y muerte:
aguacero, Vallejo, los días jueves...
(Del libro Verbos Indelebles)
Bruxismo
"Mordí el anzuelo una vez más, siempre un
iluso"
Esa estrella era mi lujo. Los Redonditos de Ricota
No es la sorda rutina
que oprime los goznes del cuerpo,
tampoco las luces malolientes
que anticipan el exacto color de la mortaja.
No son las manos desalojadas del mundo
que chujchan resplandores
adentro del sueño.
Una lágrima carnivora
ronda los pasillos de la casa,
la oscuridad gatea entre los muebles
y acecha en zancadillas cada fantasma.
El tiempo se desangra en canillas mal cerradas
y el amor se devalúa hasta el cariño
desde camas que ya no se quejan.
Lo que muerde no es el pez
sino el anzuelo,
el futuro que se agita
como un animal enjaulado,
masticando el sol entre los párpados.
Por los dientes
ablanda la noche
los huesos de la espera.
(Del libro Playlist)
Francisco Avendaño
Muchas gracias Pancho Avendaño por sumar generosamente tu poesía a pieldemundo.blogspot.com
Alejndra Díaz