jueves, 12 de diciembre de 2024

POESÍA- ARTE-MUJERES ARGENTINAS: NATALIA TROUVÉ- TUCUMÁN- ARGENTINA

          

      

         Natalia Trouvé:  
      

     
           

                           nacida  en  Tucumán- Argentina, esta  creadora  es diseñadora gráfica y textil, ilustradora, cantante, letrista y compositora. Incursionó en la escritura a edad temprana realizando relatos cortos y poemas. Fue seleccionada para formar parte de la 1° Antología Literaria Escritos de Mujeres, de la Sec. de Estado de la Mujer en Tucumán, Gobierno de Tucumán, y obtuvo una Mención en el 1° Concurso de Cuento Corto Mayo de las Letras 2021 con su obra “Broches en el Pelo",  que forma parte del libro “18 cuentos cortos para disfrutarEdiciones Ente Cultural Tucumán; el Segundo Premio en el “1° Concurso de Poesía Tafí Viejo Ediciones 2022” con suformando parte del libro digital “Tucumán es metáfora” y el Segundo Premio en el Concurso de Poesía Dora Fornaciari 2024, de Tafí Viejo, con su libro de poesía “Matria”. El mismo fue seleccionado por el Fondo Editorial Aconquija del Ente Cultural Tucumán como uno de los títulos para ser publicados en el año 2025.


Natalia Trouvé

        Participó en diversos eventos poético musicales y encuentros de escritores y poetas. Como compositora de canciones de raíz folklórica obtuvo con “Siembra” una Mención de Honor en el “Certamen Canción Inédita Limón de Oro” organizado por la Municipalidad de Tafí Viejo con motivo del 50º Aniversario Festival Nacional del Limón

      En el año 2021 obtuvo una Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes para terminar de componer y grabar su música, resultando en un trabajo discográfico de 10 canciones llamado “Nido”. Este trabajo discográfico ganó posteriormente un subsidio del Instituto Nacional de la Música y una de sus composiciones forma parte del cancionero folklórico de Compositoras Mujeres del NOA y obtuvo el premio Mercedes Sosa 2024 por Mejor Diseño de Portada. 


             Decir que se trata de  una  escritora, cantante, artista mujer  que tuvo  reconocidos  logros durante años anteriores y éste 2024, es  sólo corroborar  el  talento de Naty Trouvé, 

disfrutar de su amistad, agregar  que  es  una madre, trabajadora y  luchadora por los derechos de la mujer. Es fundamental la presencia  de  su  compañero de vida  Daniel Albarracín, 

músico, compositor  y  docente, integrando ambos  el dúo Touvé Albarracín  ig :@truvealbarracin, ampliamente  reconocido por el público el talento y carisma del mismo.


         






Dúo Trouvé- Albarracín


 




    TEXTOS  DE  NATALIA TROUVÉ :


               H2O

Cada mañana, antes del desayuno, lo salpicaba con agua bendita para quitarle lo gay.

Guardaba la botellita santa que libraría a su hijo de todo mal en el secreter de su

placard, bajo llave, no vaya a ser que alguien se la tome por alguna clase de

equivocación, o (Dios nos libre) a propósito. La había elegido un día que se levantó

inspirada; con un embudo le sacó toda la colonia que luego metió como pudo en un

descartable de plástico; a duras penas le quitó la etiqueta raspándola con el

Tramontina y, antes de llevarla a la parroquia, la lavó bien por dentro y por fuera con

detergente y Cif diluído. La llenó con el agua de la canilla, directo nomás, total el curita

le haría el milagro.

La guardó en la cartera, y salió.

Luciano, niño ojos de agua mansa, por donde andaba resplandecía o se volvía de

azúcar.

Se enamoró de Bruno una mañana en la escuela, no estaba seguro si por el tierno

remolino que se le armaba rebelde en el jopo o por sus manos finas de nácar. Tenía

linda letra.

Le miró la nuca por segunda vez.

Le burbujeó el estómago.

Escribió:

Amaneciendo

la lluvia se desliza

Exhalo tu luz.

Regresó a su casa a contar sobre la buena nueva, la ebullición, el remolino, el racimo

de mariposas; pero no hubo serpentinas, ni abrazos, ni banderines de colores. Le

dieron una cucharada de Novalgina, por si acaso, le tomaron la temperatura, le

revisaron la lengua, le preguntaron si había ido bien de vientre, y lo enviaron derechito

a su cuarto con la noble tarea de leer varios capítulos y versículos seguidos del libro

sagrado.

La sonrisa la guardó en la penúltima hoja del cuaderno de lengua, envuelta en un

corazón, tan fino como esos dedos.


Su madre volvió feliz con todas las indicaciones. Diez padrenuestros, diez avemarías y

un gloria cada noche por siete meses.

Se tomó sus pastillas que la ayudaban a pasar el semestre triste de la manera más

feliz. Había que esperar.

 

En el tiempo alegre inflaba globos, se colgaba plumas exóticas en el pelo, lucía sus

mejores perlas, giraba con los brazos abiertos y le ponía dulce de leche al puré.

Jugaba a las picadas con el carrito entre las góndolas del súper.

Se pintaba círculos rojos en los cachetes.

Cantaba a grito pelado en cualquier calle.

Y así transcurría, brillantina o contrabajo.

Cómo podía el amor, el hijo.

Por las noches rezaba:

Curar al pepé

Conservar su alma clara

Que vaya al cielo

Amén.

Luciano cerró el cuaderno, abrió la puerta y salió.

Se estiró cuánto pudo en el jardín delantero.

Inspiró.

Comenzó a mover primero las muñecas, luego el codo. Sus hombros trazaron círculos

y ya en el oleaje tuvo que ondular el cuello, acompañar con la cabeza, la lengua. Abrió

sus pliegues y dejó surgir el sonido. Era un delfín. Salpicaba con las cejas, el pelo.

Pintaba nubes con el torso. Como un demiurgo inventaba: atrapasoles, ventilamar,

caricorpo, poliluz, brincaverso, liberpaz. Brunaire.

Respiraba, se inflaba, estallaba.

Allegro, twist, adagio, cambré, relevé.

Soltaba sílabas y formas al aire.

Intuía pasos, arcos. Saltaba.

Por su cintura goteaba.

Por sus piernas se derramaba o transformaba.

Fue cascada. 

Granizo y nieve.

Hidrato.

Cubito.

Sal.

Nácar.

Amor.

Vapor.

Sus talones soltaron el suelo, empezó a flotar. Su cuerpo ligero cada vez más alto, más

y más alto en el azul.

Infinitos haces lo atravesaban. 

 

Desde abajo parecía un protón, una partícula sideral, un rayosol. 

La madre escuchó el revuelo que había en la puerta de su casa, se puso las pantuflas

calentitas de lobo siberiano que compró frente al ex mercado del Norte, salió y lo vio.

Parecía un ángel.

Abrió grande los ojos, la garganta se le cerró.

Se persignó tres veces.

En punta de pies su alma.

Estiró sus brazos y lloró.

Era una señal divina.

Luciano le estampó en el aire con las manos así, un beso alado. Libre...

 

Alguien le acercó el frasco de colonia, para volverla en sí.

Desenroscó la tapa con cuidado, limpió con el puño el borde, y se lo tomó.

De un solo trago.

           Natalia Trouvé 



 

 PLEGARIA

 

Te vas lejos

Y no se como encontrarte

Dibujo en mi almohada

El boceto de tus ojos.

Y no hay nada que me traiga

El sabor de tu sonrisa en mi corazón.

Te encuentro en la bruma

Y el aroma de los tarcos

Prendí una velita 

para acunar la nostalgia.

Y no hay plural que nos nombre

Ni barquito de papel que te traiga hasta aquí.

Vuelve, vuelve,

como vuelven las florcitas del lapacho 

vuelve, vuelve

como vuelve este Febrero que te trajo

Vuelve, vuelve,

como el sol, como la lluvia y los naranjos

Vuelve vuelve...

Te busco entre las rendijas

O anidando en la plegaria que el tiempo tejió.

El mundo camina

Pero el pájaro no canta

Hice un ovillito 

de colores con tu nombre.

Sigo el rastro de tu ausencia

marco cruces en el mapa que tiene tu olor.

Te vas siento

 

Que el mañana se derrama

En una botella

Guardaré todas tus voces.

Y la forma de tus manos

Caminando por mi pelo 

y tus pies en mis pies. 

Vuelve, vuelve,

como vuelven las florcitas del lapacho 

vuelve, vuelve

como vuelve este Febrero que te trajo

Vuelve, vuelve,

como el sol, como la lluvia y los naranjos

Vuelve vuelve...

Te busco entre las rendijas

O anidando en la plegaria que el tiempo tejió.

La tarde cae

tu recuerdo sigue intacto

aguardo en el aire

las señales de tu mundo

te regalo un par de alas

Y no hay nada más que hacer que esperarte otra vez.

               Natalia Trouvé 

 

 

 

 

Siembra

(Chacarera Doble)


La Genoveva alzaba

Su voz al viento

Y el azul de sus ojos

Flameaba lejos

Buscando en la mañana

Algún sendero.

De sus manos brotaban

Los alimentos

Limón, albahaca y menta

Jugo del cerro

Surcando por sus venas

Como un lamento.

La curva de su espalda 

Agrio silencio

Tal vez era la misma

de un cosechero

Encorvando tristezas

Y ni un derecho

Abuela de la tierra

Tu siembra clama

 

La Yunga te ha parido

Iluminada

Tu puño se levanta

Desde mi caja.

Recitado:

Atravesando los mares

Llegó tu estirpe guerrera

Refugiando en alimentos

La cultura de su tierra

Entremezclando saberes

Habitando los hogares

Cítrico sabor a burgol

En tu mesa cobijaste.

 

De tus brazos surgen cántaros

Danza del vientre, descalza

Sobre tu curva sagrada

Fue mi niñez albergada

Madre de las mil luchas

Tus rodillas lastimadas

Desgajaron los caminos

Que transitan mis hermanas. 


    Recorro tu arboleda

La verde greda

Que sembraste en mi canto

Sin darte cuenta

Cuidando cada brote

Agüita fresca.

Camino pedregoso

Fue tu destino 

Mujer patria sagrada

Abrir los míos

Reverdece tu lucha

Si yo te miro.

Azahares de nostalgia

Trenzan mi pelo

Si acaso te recuerdo

Bajo este cielo

Se mecen mis caderas

Linaje eterno.

Abuela de la tierra

Tu siembra clama

La Yunga te ha parido

Iluminada

Tu puño se levanta

Desde mi caja.

Natalia Trouvé

 

 

 

   Lumbre

Un suave chispazo de pluma flotando

un brindis derramado de aguacero

el amanecer trinando pájaros a cántaros

una fruta mordida, una luciérnaga.

Un pedacito de ala cobijadora

una boca de palabras besadas

un sinfín de sauces y calandrias.

Una palma desnuda por donde caminar.

Un cielo

     un silencio

          una puerta despejada.

 

Todos merecemos el buenamor.

 

Recostarnos y ser savia, raíz, tierra fértil,

abrir los brazos y llenarse de nube los párpados

latir entre el follaje, volverse violeta, ser flor de lapacho

embarrarse de vida.

Carcajearnos la espalda con dientes de león

y oler cada trébol que brote de sus ojos.

 

Suertudo.

La tardenoche te sopla sus secretos.

Te nace el sol desde tus plantas.

Respiras la paz.

 

Todos merecemos despertar.

 

Brilla un telar de miles de gotitas como seres

piel con piel, atravesados de espejos

tocándonos los abismos y los océanos

¿Será que podremos ser más fuertes?

 

Yemas, dedos, mejillas.

Escuchar el murmullo del hormiguero incansable,

recostarse en el vientreperla sagrado

sentir sus brotes, bebernos la energía a borbotones

fosforecernos de luz. Percibir.

Plegar y abrir

   soltar y amar

      dibujarnos el sendero.

 

Cae la noche a pinceladas,

se abre paso el sonido sagrado del cerro en silencio.

La soledad danza con  las lechuzas.

Aromas de palosanto, jarilla, y sándalo.

Galopa una langosta entre sus notas

mientras el viento se desliza y me lame los brazos 

  abiertos

   de par en par.

 

Natalia  Trouvé

 

 

 

       Lazos

En el velorio mi mamá era la que más lloraba y hacía aspaviento. Ya no se acordaba que le

había dicho a la abuela, a los gritos, que se vaya de la casa; y la dejó sin su quehacer

cotidiano. Sin la llave de la reja que cerraba todas las noches. Sin la silla de la siesta. Sin su

fuente roja enlozada favorita. Y sin tantas mujeres para pelear a diario.

Pelear por cualquier cosa era vital.

Llamarnos a los gritos desde el portón o la cocina. 

Sentarse al lado de la heladera para que no nos robemos las sfijas de la cena durante la

siesta. 

Retarla a la Blanquita por haber tendido mal la cama o haber guardado en el cajón del ropero

de la pieza del fondo los sachets de leche.

-Con razón tenés ese olor -le decía- todo se está pudriendo ahí dentro. Entonces le compró un

jabón y le dijo que se bañe bien todos los días, que la quería cada mañana en la cocina, en lo

posible, oliendo a algodón.

Después le enseñaba a amasar el kippe, separar las hojas del perejil, y veían la novela y se

reían de lo lindo. Compartiendo su invisible soledad. Abrazadas.

El café de la sala estaba aguado.

Una multitud rodeaba el cajón. 

La tía, una rubia de ojos verdes y piernas turgentes, otrora reina indiscutible de la primavera y

los estudiantes, intentaba recordar el padre nuestro pero no le embocaba ninguna frase.

Mi abuela allí, recostada en el cajón, con esa tibia firmeza de siempre, sus cachetes colorados,

su blusa y las perlas. 

Sus hermanas la relojeaban desconsoladas, secreteaban y se abrazaban, señalándonos con

los ojos y la punta de sus lenguas. Tenían la misma nariz, y la misma voz que ella…

Una multitud se agolpaba en el velorio.

Hasta los taxistas estaban.

La Blanquita justo en el borde la miraba.

Sus ojos claros ahí, de par en par, observándola como si a lo lejos un dulce aguacero. 

Mi mamá desde su silla lloraba.

A los gritos.

 

 

           El decoro

Tal vez las vergüenzas también vinieron de mi abuela, pero extrañamente, ella no las tenía.

Sin siquiera percatarse caminaba por la calle saludando a los gritos a todo ser que se encontrara en el camino. Doña Rosa la de Superlandia, Francisco el del carro de las verduras, la del almacén Doña Maga que le vendía las hojas de parra, taxistas diversos o el chofer del colectivo de turno; y les cambiaba viajes por sánguches de milanesa o una bandejita de niños envueltos. Caminaba por el mercado probando verduras varias, aceitunas negras, dulce de batata, o se llevaba una banana y si le gustaban, recién al final, regresaría a comprarla.

Quizás el cartero que pedaleaba bajo la lluvia esa tarde sobre la Perú fue testigo de las dos plantas de lechuga repollada que le robó de la huerta del jardín delantero al vecino de la casa oscura y solitaria. Nos acercamos sigilosas, casi sin respirar, y luego salimos disparando al grito de ¡corraaaan, corran que el viejo de mierda nos va a perseguir!

Así era ella, como un puñado de hierba libre y agreste.

Le encajaba comida de prepo a las madres de nuestras compañeras del colegio.

A veces nos llevaba al centro a pasear y se metía en velorios de desconocidos a llorar al muerto.

Nos decía que debíamos usar las medias sin agujeros y la bombacha limpia, por si acaso teníamos un accidente en la calle y las descubrían en el hospital; estar todas charoladas,  pintadas y bien peinadas a fin de llegar al nosocomio con el mejor aspecto posible.

Para que nos atiendan bien; porque finalmente, las mujeres, éramos unas sinvergüenzas.

  Natalia Trouvé



       Canciones  y  videos del  dúo Trouvé- Albarracín  


   UMBRAL 


      Este video fue realizado a partir de películas fotográficas para filmadoras 8 y Súper 8, grabadas por Ernesto Trouvé (Papá de Naty) entre los años 1972 y 1988 en San Miguel de Tucumán y cuando estuvo paseando por diferentes provincias de Argentina, 

manejando un Fitito rojo AR


🌧️Las películas fueron rescatadas de la inundación que hubo en algunas zonas de Yerba Buena en el año 2001. Les limpiamos el barro que tenían y logramos devolverle su utilidad 


🤓 Después de varios intentos, reparamos su viejo proyector Ricoh, y esas películas cobraron vida en una pared blanca de nuestra casa. Nos emocionamos,, las digitalizamos con una cámara de fotos actual y supimos cual sería su música 🙌🏻🙌🏻

 

El resultado: un mágico y maravilloso viaje en el tiempo







https://youtu.be/XqOIk4_tWkE



     NIDO

 "Participaron en este disco un montón de amigxs maravillosxs: Nico Peralta (percusión), Carlita Guzmán (vientos), Mathias "el negro" Agüero (contrabajo), Federico Aguirre (acordeón), Javier Matota Gómez (violín), Pulpo Ramos (pianos), Angélica Camuñas (voz), Jannina Valdez (voz), Jazmín Fiori Trouvé (voz), Jessi Morillo (voz megáfono), Gustavo Escalante (cuencos tibetanos y otras bellezas) y Christian Ruiz (bajo).

Dani Albarracín (guitarras) 

Natalia Trouvé (voz)


Las canciones son todas composiciones nuestras!

Esperamos lo disfruten


🎙️Grabado en Estudios Ñandú Records.


Disponible en todas las plataformas digitales "


DISCO ES CULTURA

https://open.spotify.com/intl-es/album/1GnkiEruqFZO2B4ezi9ESr?si=0_9uAFcqQKiUMqrWqFkCYQ&context=spotify%3Aalbum%3A1GnkiEruqFZO2B4ezi9ESr&nd=1&



Nido- álbum- Trouvé- Albarracín



     Muchas gracias por todo tu aporte a la cultura y  a pieldemundoblogspot.com

Natalia Trouvé !!!!!


                                  Alejandra Díaz

domingo, 10 de noviembre de 2024

POESÍA ARGENTINA: SAMUEL AMAYA - TUCUMÁN

 Samuel Amaya


        Escritor, poeta, nacido en  San Miguel de Tucumán, 1997 es Profesor en Letras, egresado de la Universidad Nacional de Tucumán.  Alumno de la Licenciatura en Letras – UNT. Participó en diversas antologías de poesía nacionales y provinciales, como Putiverso: Mundos Maricas de la Poesía Argentina en Democracia (Ed. Ojo de Loca, 2024), Con la Intensidad de la Siembra (Falta Envido Ed., 2024), Fe (Camalote Ed., 2024). Publicó su primer poemario Proyecto 97 (Ed. Copo de Nieve, 2023) Próximamente publicará el fanzine Changuito (Camalote Ed.) y Curarse el cuerpo con azúcar (Puerta Roja Ed.) (Mención de Honor en el Concurso de Poesía “Dora Fornaciari” 2024, de la Municipalidad de Tafí Viejo – Tucumán)


Samuel Amaya



Selección de poemas del fanzine Changuito (Camalote Ed. – próximo a publicarse)


Mi corazón es una pelota

de goma roja, dura y rayada

que los changuitos usan

para pegarse entre ellos

dejar en la piel una marca sucia

reconociendo que algo (o alguien)

lo marcó.

Nunca dejará de rebotar

por más que la corten,

la pinchen o le hagan turucuto.

Esa pelota seguirá rebotando

en las paredes orinadas del barrio

en los cuerpos de los changos grandes

en esa baldosa que lleva mi nombre.

Yo con mi corazón

no podría jugar. No sé jugar.

Cómo hacerla rebotar en el suelo

sin sentir las manos transpiradas

y escuchar los gritos de cuidado

la pelota corazón me va a pegar

Mi corazón es como esa pelota

de goma roja que no se infla con nada

se alimenta de los changos traviesos

que tienen el honor de hacerme sentir

el cielo y la tierra

en un rebote.

Cuando nos tocaba jugar a la escondida

y cada quien debía encontrar su lugar oculto,

Ramirito me invitaba al suyo

para que nadie pudiera encontrarnos

para que las sombras nos abrazaran

eran segundos donde me hablaba sin miedo;

yo era una especie de dios

a quien le rezaba un rosario completo

y amén no era el final.

Su boca dibujaba un barco de papel

que navegaba por mis oídos buscando puerto.

Una vez, con esa misma boca,

trajo a su vieja a nuestra oscuridad,

con final y silencios, me dijo

mami dice que a los putitos como vos

se los llevará el cuco y hombrecitos como yo,

bien machos, jugaremos con el ángel de la guarda

así me decía ese amigo de la infancia

que era más tierra en la boca que leche

y sus manos un hormiguero de bolunchos.

Siempre me quedé con la intriga de saber

qué habrá pasado con Ramirito

si aún recuerda ese momento

de contarnos cosas en la oscuridad

si habrá tenido familia,

si sigue siendo un hombrecito,

bien macho y con ángeles

que lo guarden...

Tengo unas ganas de llegar a ese cielo,

de enredarme en los brazos de tata Dios

y cuando me toque verle la cara a Ramirito,

salir de mi escondite y decirle:

piedra por mí y por todos los putitos.


Selección del poemario Curarse el cuerpo con azúcar (Mención de honor en el 3er Concurso de Poesía “Dora Fornaciari”, organizado por la Municipalidad de Tafí Viejo – 2024) (Puerta Roja Ed. – próximo a publicarse)

Proyecto 97 Ed. Copo de Nieve- 2023



Tucumán es azúcar y mi cuerpo también1

cuando los changos abren las hebras

de mi corazón y buscan miel

como en la mazamorra de mami

ellos se alimentan de este jugo

de llevarse algo dulce a la boca

que los haga volar

que les dé fuerza

y hacen de mi cuerpo

un volcán de melaza

que puedan traer a su cama

al lado de sus patronas

y cuando el dulzor tiembla

en sus piernas, sienten mi cuerpo

florecer.


1 Este poema, al igual que dos más de la primera sección de este libro, fueron publicados en la antología Putiverso: Mundos maricas de la poesía argentina en democracia (Ed. Ojo de Loca, 2024), compilado por Enzo Cárcano y Jorge Luis Peralta. Por otro lado, los mismos no formaron parte del material enviado a la convocatoria del Concurso de Poesía “Dora Fornaciari” 2024 - Tafí Viejo.



Tranca, Gatito, yo te acaricio

el pelaje negro caliente

bordeando tu contorno subiré

con mis dedos a tu lomo

para que maúlles toda la noche

sobre mi venta

abierta

sobre mis piernas te acuestes

cuando dejes dormida a la Gata

vení a rasguñar mi corazón

acá yo te acaricio.

Me curé el cuerpo con azúcar

y queda poco de aquel changuito

que decía voltearse tantas minas

sean necesarias para no recibir

el cintazo en la espalda

que mañana le daría doce nietos

a la vieja para que no lo abandonen

junto a los otros changuitos averiados

Ya no queda casi nada de ése

que entregaba el corazón

por un pedazo de caricia

de ése que se disfrazaba de día

y de noche abría su piel bajo la luna

Todo ardió en mí

en mí ardió un cañaveral

y ahora sólo quedan costras

hechas de azúcar.


Samuel  Amaya



Links. para leer más sobre el autor Samuel Amaya :

 https://flordeave.com.ar/poemas-de-samuel-amaya/

https://lapapa.online/asi-es-realmente-mi-voz-la-que-creia-perdida-y-pude-encontrarla/

https://lapalta.com.ar/interes-general/lectura-de-domingo-secretos-de-mariposas


https://www.facebook.com/samu.amaya3



pieldemundoblogspot.com  agradece  inmensamente las poesías compartidas por Samuel Amaya, entrañable, humilde y escritor que crece a pasos agigantados. 

   ¡¡¡ GRACIAS !!!

viernes, 23 de agosto de 2024

LITERATURA Y MÚSICA ARGENTINA: FRANCISCO AVENDAÑO - SANTIAGO DEL ESTERO

 

        Francisco Avendaño:

                          nació en Santiago del Estero en el año 1980. Sus poemas integraron

varías antologías: Poesía Joven del Noroeste Argentino de Santiago Sylvester (Fondo

Nacional de la Artes), Festival de Poesía del Norte Grande (Dirección de Cultura de Salta),

Palabra Abierta (Subsecretaría de Cultura de Santiago del Estero), Antología de Poetas

Santiagueños, de Alfonso Nassif (Subsecretaria de Cultura de Santiago del Estero), Peligro

Inflamable (Ediciones Folia) y Cross a la mandíbula (Antología bilingüe en francés y

castellano, editorial Nuitmyrtide, Francia y la Antología Poesía Circular (Editorial Mundar).

Sus textos han sido publicados en distintos diarios y revistas del país como ser como ser el

Liberal y Nuevo Diario en Santiago del Estero, en Salta (La Gaceta), en Jujuy (El Pregón), el

portal digital de Página 12 y la revista digital Mundar entre otros.

Ha realizado dos ediciones artesanales de los libros Biografía del instante en el año 2009,

trece postales del barro y Hacer Mostrar, Antología poética propia en el año 2023.

Es el cantante y guitarrista del cuarteto santiagueño de tango Los Morlacos del Otario, que

editaron un disco en el año 2017 en el que interpretan composiciones de Manzi, Lepera,

Cadicamo, Charlo, Gardel, Troilo entre otros principalmente de la década del 30.

Ha conducido y producido el programa radial Eléctrico Ardor, un programa de poesía tangos

y otros berretines, con entrevistas y música en vivo, que se transmitió desde 2018 hasta

2021 por Radio UNSE 92,9 y por Radio Vostok 93,9.

Ejerce la profesión de abogado laboralista y desde el año 2021 se desempeña como Director

de Cultura de la Municipalidad de Santiago del Estero.


Francisco ( Pancho) Avendaño 



SELECCIÓN  DE  POESÍA:



 

“Hay que incendiar la poesía

y cantar luego

con las cenizas útiles.”

Jorge Boccanera

 

Siempre es agua,

por mucho que la luz se manche en los charcos,

la lluvia detenida bulle en renacuajos y el día

 

es el brillo en las botellas rotas.

 

Aquí el concepto ensucia las manos.

 

Flores de nylon que el viento enredó en las ramas,

pañales y forros,

envases,

diarios viejos.

Mientras la tierra retrocede,

crecen los márgenes.

 

Mi ciudad sólo recuerda en los escombros,

a pesar de libros y templos,

no aprendimos otro modo.

 

Aquí todo persiste

sin palabra o sedimento.

La imagen es el poema provisorio

y el orden el lenguaje de los restos.

 

La ciudad se estira hasta desbordarse,

el límite es el ritmo con que crece y olvida la marea.

(Del libro A nivel del mar)


 

Soy también el otro…

Soy también el otro,

el que ocurre después del límite de mi cuerpo,

sombra manchada de conjeturas,

precaución que presiente lo que presiento.

¿De quién son los pasos que ensombrecen la luz debajo de la puerta?

¿De quién el soliloquio indescifrable

que deletrea mi pared hasta el escombro?

Mis cansadas raíces se sueltan del sueño

y caigo en este mundo por el grito de una alarma.

Subo otra vez hasta mis ojos,

afirmo el horizonte detrás de mi ventana

y resumo el sol entre los techos.

El día es lo que separan mis párpados hambrientos,

nostalgia desolada de encontrar a dios en todas partes.

El misterio

es un orzuelo en el triángulo tuerto de un dios impar,

yo soy el desierto que habito,

 

el baldío de palabras

donde se herrumbran las cosas

que nadie nombra.

(Del libro Simulacro)

 


Santiago del Estero

II

¿Quién me legó esta ciudad envejecida,

esta memoria de un tiempo

que no me pertenece?

Los paisajes que la noche inventa,

la reiterada porfía del mediodía ciudadano,

ocultan un antiguo cansancio

bajo la piel del tiempo

sobre las veredas.

Ahí donde mis pies repiten una huella penitente,

otra sombra pensó con tristeza

las cosas que hoy pienso,

las palabras que uso a diario,

la costumbre del verbo.

Alguien ha sabido de esta soledad en el tumulto,

alguien

ha escrito los versos

que dibuja mi mano.

Hasta el río lleva su pulso detenido

por un derrotero ya trazado.

(Del libro La Piedra de Sísifo)

 


“Solemos olvidar

que la poesía es un instante

sabiamente clausurado

antes de que aprendamos a balbucear

la eternidad.”

 

Ana Emilia Lahitte

 

Uyuni se fuga en las escamas de un pez interminable,

vibra en el cuerpo seco de un flamenco

cuando la muerte lentamente sucede sobre los hexágonos de luz

y la bandada se desgrana en una pregunta.

 

Primero naufragaron en la oscuridad,

el agua les cosió los pasos

y otra vez la sequía les llenó de silencio la mirada.

Dicen que los cactus del salar

 

son hombres condenados

cáscaras del viento que guardan la palabra de Wiracocha,

el ruido que los despertó a la vida.

Dicen que levantaron unas islas

con sólo permanecer

aferrándose a la tierra.

Aquí, lejos de todo, no existe el aquí,

sólo el rumor de un nervio catódico que se desvanece.

Flores de piedra como ofrendas del miedo,

fantasmas de bórax que aun queman mis párpados

Y la lúcida resignación de los derrotados,

los que mueren ahí sedientos de paisaje

 

ciegos por el clamor de la nada.

 

Sobre este suelo cada sol es definitivo.

El salar se ocupa de lamer el cielo

para que la noche se ensanche.

 

(Del libro A nivel del mar)

 


Siempre ha sido hoy

 

Siempre ha sido hoy,

Desde hace siglos.

El almanaque sigue ardiendo sin rastro ni ceniza,

Hojas incandescentes que niegan la luz del árbol que las llueve.

La historia con sus letras de bronce

los templos y su divina intemperie

la sangre que solo se derrama

la tierra eternamente prometida

el diluvio ecuménico

el olivo presunto en el pico de un ave

la naturaleza sorda a los nombres que la invocan

la felicidad en un retrato difuso de la Amnesty Internacional

el indio que traza su grito

 

por las cicatrices de mezcalina que recuerdan las tinajas

el ejercicio de la fuerza como un brutal derecho humano

el hambre convincente

las increíbles Razones de Estado

el dios de los montes como un esqueleto frágil

insolado de pirañas

el humo de las topadoras ensombreciendo el paisaje

la diosa del mar presa en un paréntesis de petróleo

el dios verdadero de los vencedores

los límites políticos,

geográficos,

poéticos

las humanas limitaciones naturales

todo el viento que estremece las banderas

el empujón en el aspa del molino

el dulce quejido de semillas en la rueca

el pan que se multiplica por milagro

el gratuito pan de los romanos

el ausente pan de la Revolución

el pan desnutrido que se comen los parásitos

 

las costillas que respiran un aire doloroso

las moscas que aturden los cadáveres

los continentes de pelo que devora la Gillette Co.

las dietas necesarias al deseo

los músculos evidentes y dispuestos

la pixelada memoria del pornógrafo

los impulsos que se atrofian de tanto estimularse

el ánimo de lucro por toda concupiscencia

la síntesis del obituario

la sintaxis del dolor

la semántica del miedo

leprosos que sueñan con la resurrección de la carne

moribundos que demuestran la vida imperdurable.

Todo estuvo sucediendo,

como el tenue gravitar de electrones

en el centro de un átomo.

Mañana

también ocurrirá

el minucioso crepitar de la llama.

(Del libro Simulacro)

 


Lluvia

 

Borges tenía razón:

la lluvia es algo que sucede en el pasado.

Entre el olor a tierra mojada

que anticipa en la distancia

el instante mágico del agua

hay una evocación eterna del ayer.

Entre gota y carámbano

rumorea la nostalgia.

Las calles, cuando se visten de lluvia,

se parecen y recuerdan

interminablemente.

El temporal va relamiendo

los bordes de las casas;

antes ablandaba piedra por piedra,

con el duro tesón del agua,

las montañas

y hoy sólo recorta lentamente

los bordes de las casas.

Testimonio de vida y muerte:

aguacero, Vallejo, los días jueves...

 

(Del libro Verbos Indelebles)

 


Bruxismo

 

"Mordí el anzuelo una vez más, siempre un iluso"

Esa estrella era mi lujo. Los Redonditos de Ricota

 

No es la sorda rutina

que oprime los goznes del cuerpo,

tampoco las luces malolientes

que anticipan el exacto color de la mortaja.

No son las manos desalojadas del mundo

 

que chujchan resplandores

adentro del sueño.

 

Una lágrima carnivora

ronda los pasillos de la casa,

la oscuridad gatea entre los muebles

y acecha en zancadillas cada fantasma.

 

El tiempo se desangra en canillas mal cerradas

y el amor se devalúa hasta el cariño

desde camas que ya no se quejan.

 

Lo que muerde no es el pez

sino el anzuelo,

el futuro que se agita

como un animal enjaulado,

masticando el sol entre los párpados.

 

Por los dientes

ablanda la noche

los huesos de la espera.

 

(Del libro Playlist)

Francisco  Avendaño



Muchas gracias Pancho Avendaño por sumar generosamente tu poesía  a  pieldemundo.blogspot.com



Alejndra Díaz